Salmos

Salmos de Sanidad

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Salmos 23:1-4

El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar.

Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre.

Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta.

Salmos 6:2-4

Tenme compasión, Señor, porque desfallezco; sáname, Señor, que un frío de muerte recorre mis huesos.

Angustiada está mi alma; ¿hasta cuándo, Señor, hasta cuándo? Vuélvete, Señor, y sálvame la vida; por tu gran amor, ¡ponme a salvo!

Salmos 28:1-2

A ti clamo, Señor, roca mía; no te desentiendas de mí, porque, si guardas silencio, ya puedo contarme entre los muertos.

Oye mi voz suplicante cuando a ti acudo en busca de ayuda, cuando tiendo los brazos hacia tu lugar santísimo.

Salmos 68:19-20

Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador, que día tras día sobrelleva nuestras cargas.

Nuestro Dios es un Dios que salva; el Señor Soberano nos libra de la muerte.

Salmos 73:26

Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna.

Salmos 91:1-6

El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso. Yo le digo al Señor: Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío.

Solo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas
y bajo sus alas hallarás refugio.

¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte! No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía.

Salmos 91:9-11

Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección, ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar.

Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos.

Salmos 28:6-8

Bendito sea el Señor, que ha oído mi voz suplicante. El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda.

Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias.

El Señor es la fortaleza de su pueblo, y un baluarte de salvación para su ungido.

Salmos 41:3-4

El Señor lo confortará cuando esté enfermo; lo alentará en el lecho del dolor.

Yo he dicho:

Señor, compadécete de mí; sáname, pues contra ti he pecado.

Salmos 147:3

Restaura a los de corazón quebrantado y cubre con vendas sus heridas.

Salmos 103:3-4

Él perdona todos tus pecados y sana todas tus dolencias; él rescata tu vida del sepulcro y te cubre de amor y compasión;

Salmos 30:2

Señor mi Dios, te pedí ayuda y me sanaste.

Salmos 31:9-10

Tenme compasión, Señor, que estoy angustiado; el dolor está acabando con mis ojos, con mi alma, ¡con mi cuerpo! La vida se me va en angustias,
y los años en lamentos; la tristeza está acabando con mis fuerzas, y mis huesos se van debilitando.

Salmos 32:6-7

Por eso los fieles te invocan en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ellos no los alcanzarán.

Tú eres mi refugio; tú me protegerás del peligro y me rodearás con cánticos de liberación.

Salmos 34:6

Este pobre clamó, y el Señor le oyó y lo libró de todas sus angustias.

Salmos 34:17-19

Los justos claman, y el Señor los oye; los libra de todas sus angustias.

El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido.

Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas.

Salmos 38:5-9

Por causa de mi insensatez mis llagas hieden y supuran.

Estoy agobiado, del todo abatido; todo el día ando acongojado.

Estoy ardiendo de fiebre; no hay nada sano en mi cuerpo.

Me siento débil, completamente deshecho; mi corazón gime angustiado.

Ante ti, Señor, están todos mis deseos; no te son un secreto mis anhelos.

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